jueves, 18 de enero de 2018

Las Genealogías Genesíacas y la Cronología, por Ramos García (IV de IX)

Según los escribas babilónicos, “Después del Diluvio la realeza descendió del cielo, y el reino se estableció en Kis” – que es el bíblico Cus—; y agregan una lista imposible de “23 reyes en 24.510 años, 3 meses y 3 días y medio” (Prisma de Oxford, W.B. 444), esto es 245 siglos corridos antes de la 1 dinastía de Uruk, fundada por Enmekar. El Diluvio, según esta tradición, habría tenido lugar cerca de 30.000 años ha, en sorprendente conformidad con los datos de la ciencia prehistórica.

La “Antigua Crónica” egipcia pone aquí a “Cronos y otros 12 dioses en 3.984 años”, que con los años de otros tres dioses anteriores Eusebio redondea en 13.900. El Africano que expresa el nombre y los años de cada uno de los 16 dioses no suma más de 12.843 años[1]. Y en alas de esta cifra la tradición egipcia, que ignora la línea divisoria del Diluvio, pretende remontarse con poco más de 20.000 años de antigüedad hasta los orígenes primeros de las cosas. Creemos que se queda corta.

La ciencia prehistórica ha comenzado ya a llenar y esmaltar esa serie de siglos sin historia, que se abre después del Diluvio, buceando en ese vacío histórico-cronológico, en que la humanidad se levanta más briosa después de la universal catástrofe. ¿Cuántos siglos transcurrieron así? Investigad, recoged datos, calculad. La Biblia no tiene más que una palabra que deciros: Cainán. Ahí tenéis al Cainán posdiluviano, despojado de su atuendo cronológico por la crítica; ponedle vosotros el que más os cuadre.

Si Cainán II cubre un lapso de tiempo de más de 20.000 años en la etapa posdiluviana, Cainán I en cambio, ampara un lapso muy breve en la prediluviana, por manera que apenas rompe la continuidad entre los dos grupos de patriarcas, cuyos nombres integran la genealogía de Adán a Noé. Hay, en efecto, una empresa común de profetismo, llevada a cabo por patriarcas de una y otra banda, a comenzar desde Enós, “primero que empezó a clamar en nombre de Yavé” (Gen. IV, 26), contra la corrupción de costumbres, hasta Noé, octavum justitiae praeconem (II Pet. II, 5), en decir de S. Pedro[2].

sábado, 13 de enero de 2018

Apocalipsis I, 4, por el P. Joüon

Nota del Blog: Presentamos este interesante texto de uno de los más grandes exégetas del siglo XX. Se trata de un pasaje del Apocalipsis sobre el cual los comenadores vienen disputando desde la época patrística.

Ya AQUI habíamos dado algunos otros argumentos en conformidad con la tesis que sostiene Joüon.

El texto está tomado de la revista Recherches de science religieuse, tomo XXI, año 1931, pag. 486 sig.


***

Ἰωάνης ταῖς ἑπτὰ ἐκκλησίαις ταῖς ἐν τῇ Ἀσίᾳ· χάρις ὑμῖν καὶ εἰρήνη ἀπὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος, καὶ ἀπὸ τῶν ἑπτὰ Πνευμάτων ἃ ἐνώπιον τοῦ θρόνου αὐτοῦ, καὶ ἀπὸ Ἰησοῦ Χριστοῦ (Juan a las siete Iglesias, las que están en el Asia: “Gracia a vosotras y paz de “el que Es y el que Era y el que Viene”, y de los siete espíritus que (están) delante de su trono, y de Jesucristo). Desde la antigüedad se ha querido saber quiénes son “los siete espíritus que (están) ante el trono” de Dios[1]. Según algunos, se trata de siete espíritus diversos que pertenecen a esta categoría de espíritus puros a los cuales damos el nombre genérico de “ángeles”. Según otros, los siete espíritus serían un ser único, la persona misma del Espíritu Santo, que sería considerado aquí como principio de siete dones. No queremos discutir estas dos opiniones, sino sólo aportar en favor de la primera un argumento que, hasta donde sabemos, no ha llamado la atención de los exégetas[2].

Los siete espíritus se caracterizan porque “están ante el trono” de Dios. Es una abreviación de la locución οἳ ἐνώπιον τοῦ Θεοῦ ἑστήκασιν “los que están de pie ante Dios”, la cual es empleada en VIII, 2 hablando de los siete ángeles. Pero, “estar de pie ante alguien” es una locución hebrea ('amad lifné), que sugiere la idea de servicio y que puede incluso conducir a “servir a alguien, estar al servicio de alguien”.

lunes, 8 de enero de 2018

Las Genealogías Genesíacas y la Cronología, por Ramos García (III de IX)

Hemos apuntado la analogía entre la función de Cainán en estas genealogías y la de Ticio, Cayo o Sempronio en los casos jurídicos y morales y esto nos lleva a estudiar, si quiera brevemente, la morfología de ese nombre singular, por si tiene acaso algo que ver su significado con la función propuesta; y desde luego podemos adelantar que aun en esto es singular, pues ni es simple como Adán, Set, Enós, etc., ni compuesto como Malaleel Matuselah sino derivado de nombre conocido, el único nombre derivado de la larga lista.

El nombre de Cainán, contraído Kénán, consta del nombre sustantivo Cain y el sufijo -an.

Cain, pronunciado vulgarmente Caín, es el nombre del primogénito de Adán y Eva. Como interpretación de ese nombre están las palabras de la madre: “he adquirido (qaniti) —ganado o procreado— un hijo con la ayuda de Dios” (Gen. IV,1). El verbo semítico qaná equivale así al gené del indo-europeo, de donde el latín gigno, genus, gens, genius, natus (= gnatus), alto alemán kind, etc. Caín, según su nombre es, pues, un hijo, un kind de Adán y Eva, ni más ni menos que su hermano Abel, cuyo nombre así mismo significa hijo. Ambos nombres se explican perfectamente por el asirio.

El sufijo -an es uno de los sufijos primitivos, a juzgar por lo extendido que se halla en lenguas las más distantes en el espacio y en el tiempo, desde la antiquísima lengua drávida, donde lo ha reconocido el P. Heras, hasta el latín y lenguas neolatinas. Expresa relación de procedencia o de pertenencia: Román (de Roma), Gaitán (de Gaeta), Froilán (de Fruela), etc., etc. La misma forma se halla en el hebreo. Así tenemos Arán (de har “monte”) Montano, nombre del hermano de Abraham (Gen. XI, 26), Enan (de 'ain “fuente”) Fontán (Num. I, 15), Zetan (de zait “aceituno”) Oliverio (I Cron. VII, 10), Zimran (de zemer “caprea”) Capreolo (Gen. XXV, 2), Yitran (de yeter, “sobra”) Abundio (Gen. XXXVI, 26), Salman (de selem “paz") Pacífico (Os. X, 14). Y con mimación, que no altera el significado: Malkham (de melekh “rey”) Basilio (I Cron. VIII, 9), Pir'am (de pere´ “asno salvaje”) Onagrio (Jos. X, 3), para no citar más que unos cuantos nombres propios.

Entre estos nombres propios hay bastantes que se presentan en las dos formas, la primitiva y la derivada, por el estilo de los nombres latinos Ticio Ticiano, Julio Juliano, Félix Feliciano. Y así tenemos en hebreo Lot y Lotan (Gen. XXXVI, 20), On (Num. XVI, 1) y Unan (Gen. XXXVIII, 4) u Onam (Gen. XXXXVI, 23), Er (Gen. XXXVIII, 3) y Eran (Num. XXVI, 36), Cus y Cusan (Jud. III, 8; Hab. III, 7) y aun Husam (Gen. XXXVI, 34), Nasam (I Cron. IV, 15) y Na'aman, Oren (I Cron. II, 25) y Ornan (II Cron. III, 1), Bela' (Gen. XXXVI, 32) y Bil'am, el célebre Balaám. Y de esa misma hechura son Cain y Cainan.

miércoles, 3 de enero de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis III, 15-17

15. Sé tus obras: no eres ni frío ni cálido. ¡Ojalá frío fueras o cálido!

Comentario:

Bartina: "Alonso ha estudiado detenidamente el sentido que se ha de dar a tibieza en este pasaje. Después de un pormenorizado análisis de la historia de la exégesis viene a concluir, aportando además razones intrínsecas, que se trata del pecado mortal, no del venial."[1]

Wikenhauser: "La Iglesia de Laodicea recibe el más severo reproche, sin ningún elogio. Cristo la califica de tibia, sumida en el espíritu mundano y en la indiferencia. Es cierto que no ha caído en culpas graves, ni todavía ha renegado de Cristo (aún no está fría), pero le falta aquel espíritu de alegre entrega, el entusiasmo de fiel adhesión que le darían calor".

Exceptuando la referencia a las culpas graves, coincidimos con el comentario de Wikenhauser.


16. Así, porque tibio eres y ni cálido ni frío, voy a vomitarte de mi boca.

Comentario:

Scío: “Lo que significa, según los Escolios griegos: te apartaré, que es decir, te privaré de mi amistad y familiaridad”.


17. Porque dices: “rico soy y me he enriquecido y de nada necesidad tengo”, y no sabes que tú eres el desdichado y miserable y pobre y ciego y desnudo.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: σὺ: “tú” enfático (tú eres desdichado, etc.)”.

Zerwick: "Γυμνός: desnudo, insuficientemente vestido".

Mateos: "Πλούσιός εἰμι καὶ πεπλούτηκα: estado presente más definitividad: soy rico y rico para siempre”.


Comentario:

viernes, 29 de diciembre de 2017

Cartas entre León Bloy y su madre (VI de VI)

Y la última carta de cierta importancia, la recibe Bloy la víspera de alistarse en la guerra[1]:

24 de octubre de 1870

Mi querido León: me apuro a escribirte y quisiera que recibieras algunas líneas de parte mía ya que tengo necesidad de decirte todos los deseos de mi pobre corazón y todas las súplicas que dirigirá al cielo a fin que puedas volver junto a mí. ¡Ah, querido niño!, quiero bendecirte también en el momento en que vas a exponerte al peligro; la bendición de una pobre madre siempre va seguida de la de Dios; recibe, pues esta bendición. Que Dios te cubra sin cesar con su protección, que la Santísima Virgen, nuestra buena Madre, y todos los santos ángeles te acompañen y velen sobre ti. Mi corazón sigue a mi bendición; me parece que va junto con ella; mi pobre hijo, ¡te abrazo y espero que no sea por última vez!

¡Que se haga la voluntad de Dios y no la mía!

No dudo que serás digno de la elección que ha caído sobre ti de marchar adelante y estoy tan contenta como tú que sigues a Cathelineau.

Adiós mi querido hijo. Si no hemos de vernos más sobre esta tierra, nos uniremos pronto allá arriba.

Tu madre,

M. Bloy.

[Post-scriptum (de la mano del padre)].

Pase lo que pase, cumple con tu deber y sé bendito.

Bloy.


¿Cómo termina esta historia? Pues bien, la madre de Bloy muere el 18 de noviembre de 1877, unos meses después que su esposo.

León Bloy dirá después en alguna parte que cuando los cuerpos de sus padres tuvieron que ser desenterrados se encontró con que el de su madre estaba incorrupto…




[1] Ibid. pag. 120-121.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Algunas Notas a Apocalipsis III, 14

   Nota del Blog: Continuamos, después de un largo paréntesis, con estas notas dedicadas al último de los libros canónicos.

14. Y al ángel de la Iglesia en Laodicea escribe: “Estas cosas dice el Amén, el Testigo, el fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:

Comentario:

El título de Cristo está tomado de XIX, 11:

"Y vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco y el sedente sobre él es llamado Fiel y Veraz, y juzga con justicia y hace la guerra".

Iglesia bajo el Anticristo y que termina con la Parusía, es decir, corresponde a la segunda mitad de la septuagésima Semana de Daniel más los 45 días del juicio de las Naciones y lo que reste hasta la Segunda Venida cuando tendrá lugar el rapto de la Iglesia.

De aquí el nombre de esta Iglesia que significa “juicio de los pueblos” en el cual Jesucristo juzgará a todas las naciones, tal como lo vemos en Joel II-III, etc.

No se debe confundir el juicio de las naciones con el juicio final del cual habla el cap. XX, 11 ss.

Por otra parte, es curioso que por lo general los autores no reparen tres cosas en el título de Cristo:

1) El Testigo Fiel y Veraz es el título de Cristo Rey en el Cap. XIX.

2) En dos oportunidades, al describir el Milenio, Jesús dice: “Escribe que estas palabras son fieles y verdaderas” (XXI, 5 y XXII, 6) es decir que el título de Cristo en la séptima Iglesia está relacionado no sólo con el juicio de las naciones sino también con el Milenio.

3) El Testigo parece relacionarse también con los Mártires de este período que son los del Anticristo, llamado en XVII, 6: “los testigos de Jesús”. Cfr. Excursus XIV.

No olvidar que esta Iglesia recibe sólo reproches y ningún elogio, al igual que Sardes.

San Beda: “Cristo, que es la verdad en la esencia de la divinidad, por el misterio de la Encarnación se lo conmemora como el principio de la creatura de Dios, para de esta forma preparar a la Iglesia a soportar los sufrimientos”.

Allo: “El “Amén”, fórmula solemne de afirmación, tan usada por Jesucristo en el Evangelio, está aquí personificada; representa, en contraposición a la triste característica de Laodicea, el Ser que es la verdad absoluta, el tipo mismo de la fidelidad, que sella toda verdad y perfección, aquel cuya natura y carácter son garantes de su testimonio, y que es inmutable en sus palabras y obras”.

Alápide: “Amén” no es aquí adverbio como quieren Primasio y Ambrosio, sino nombre o epíteto de Cristo (…) Además Cristo es llamado aquí “Amén” no sólo en cuanto Dios, como si dijera: “esto dice Cristo, que es Dios, cuyo epíteto es Amén, esto es, verdadero o la verdad misma”; sino más bien en cuanto hombre, ya que como tal fue veraz y fiel, tanto en su doctrina y testimonio, que dio de la verdad, como así también en sus promesas. Es llamado “Amén”, ya que es “el testigo fiel y veraz” como se dirá luego”.

La misma idea aparece en Wikenhauser, y lo insinúan otros autores como San Beda Fillion.

martes, 19 de diciembre de 2017

Cartas entre León Bloy y su madre (V de VI)

“Feliz, aunque inquieta, la madre responde”:

IV Carta de la madre a L. Bloy[1]:

Périgueux, 2 de julio de 1869

Mi querido León:

Debes creer que te guardo rencor o que hay en mí indiferencia. Sabe, amado hijo, que el corazón de una madre no conoce el resentimiento ni comprende la indiferencia. Gemía, es cierto, y no podía imaginarme lo que te impedía escribirme; hacía ¡hay! muchas suposiciones, pero vuelves a mí y mis brazos se abren con más afección que nunca. Sufres, amado hijo, y quisiera poder consolarte.

No puedo estar más feliz de ver que tu fe se fortifica. Dices que no tienes ni el poder del deseo ni la certeza del amor. Agregas que no puedes entrar a una iglesia sin derramar lágrimas como un exiliado que viera de lejos su amada patria, ¿crees que eso no es el poder del deseo? ¿No estarías pronto a hacer todo por arribar a esta patria celeste, cualesquiera sean las dificultades?

La certeza del amor… ¿de dónde viene, pues, este dolor cuando oyes hablar mal de nuestra santa religión? ¿No estarías pronto a sostener con peligro de tu vida esta misma religión y la divinidad de Jesucristo, nuestro divino Maestro? Cesa de temer, ¿no eres mil veces más feliz incluso en los momentos de desolación interior que antiguamente en toda la efervescencia de tu impiedad? ¡Las lágrimas que uno derrama en presencia de Dios son tan buenas y refrescantes! Crees que difiere acordarte su gracia… supongamos que Dios te castiga y te prueba; te castiga porque apenas vuelto a Él, te has creído llamado a grandes cosas; te prueba porque tal vez tiene designios y quiere hacerte sentir que, abandonado a tus propias fuerzas, no eres absolutamente capaz de nada, y que a menudo saca el polvo más vil para sacar a luz su poder. Reconozcamos, pues, lo que somos. Hélas, la experiencia no ha hecho más que demostrarlo numerosas veces: sin la gracia de Dios no hacemos más que cosas malas y nos dirigimos a una perdición cierta. Humillémonos profundamente, reconozcamos sinceramente nuestra nada y vayamos a Dios con simpleza. Dices que no puedes rezar, caes de rodilla y los más indignos objetos vienen a distraerte. ¿Eres más fuerte que San Juan Crisóstomo que en el desierto y a pesar de los rigores de la penitencia era perseguido aún por los vanos rumores de un mundo lejano y que tenía necesidad de todos los auxilios de Dios?