lunes, 31 de diciembre de 2012

Nuestra Señora de los Siete Dolores y la Madre de los Macabeos

Nota del Blog: el siguiente texto está tomado de L. Bloy, "El Simbolismo de la Aparición".



El segundo libro de los Macabeos, que cierra con tanta grandeza el Antiguo Testamento y cuya autenticidad fuera tan discutida antes del juicio definitivo y soberano del Concilio de Trento que lo declaró canónico, ha sido por un destino singular tan completamente descuidado por los Santos Padres, que es casi imposible (no[1]) citar algo de importancia escrito sobre esta página admirable de la historia del pueblo de Dios. Y sin embargo, es ahí donde el Espíritu Santo parece haber trazado la figura más penetrante de Nuestra Señora de los Dolores. Quiero hablar de la Madre de los siete niños torturados y muertos por Antíoco Epifanes. "Sucedió, dice el Santo Libro, que fueron tomados siete hermanos con su madre y, el rey quiso forzarlos a comer contra la prohibición de comer carne de puerco, haciéndolos destrozar con látigos y azotes de cuero de toro"[2]. La circunstancia de la carne de puerco es como una luz puesta en nuestras manos a la entrada de este capítulo, para iluminar nuestra interpretación. Esta carne, tan formalmente prohibida al pueblo de Israel y declarada inmunda por el Señor[3], representa aquí el conjunto de delicias terrestres que el Príncipe del mundo propone a los hijos de María y que quiere obligarlos a compartir con sus propios hijos. Es un remedo del compelle intrare del Evangelio, con diferencia de que el hombre de la parábola excluye para siempre de su festín a los convidados infieles que se han excusado de tomar parte y que él no obliga a entrar en su casa más que a los que no estaban invitados, mientras que el verdadero anfitrión de los Macabeos no excluye a nadie, y los invitados inexactos o recalcitrantes son precisamente los que él se cansa menos en llamar y a los que más desea obligar a ir a su casa. La mesa de este Antíoco es, por otra parte, magnífica y siempre llena de pobres, de estropeados, de ciegos y de cojos espirituales[4]. Es una verdadera mesa de Baltasar donde todas las indigencias humanas se ven satisfechas con carne de puerco.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. IV (I de IV)


IV. RESTAURACIÓN DEL SACERDOCIO

1. Sacerdocio y santidad

Casi todo lo que concierne al origen inmediato de las diversas religiones de la gentilidad, y al proceso de sus cambios naturales y recíprocos influjos, continúa siendo mal conocido. Este proceso es materia de conjeturas, no siempre lógicas y a veces distorcidas por prevenciones antirreligiosas o categóricamente anticristianas. Aquel origen pertenece a la prehistoria.
Mas la prehistoria es historia quoad se; y una parte de ella, la más substancial, nos ha sido providencialmente transmitida en libros inspirados. Estos revelan que el hombre fue sacerdote desde el principio. Y si algún documento humano de las épocas más remotas algo acredita, es la triple constante de religión, sacrificio y sacerdocio, mantenida en las más diversas estructuras sociales y a despecho de grandes diferencias de índole y de ambiente.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Lacunza y los ángeles de las siete Iglesias del Apocalipsis


Conocido es el desconcierto de los exégetas a la hora de identificar a los ángeles de las iglesias de los capítulos II y III del Apocalipsis. Todo tipo de teorías se han propuesto sin que ninguna satisfaga.

El texto que se refiere a ellos se encuentra ya hacia el final del capítulo I cuando al explicarle el significado de dos de sus atributos de la visión, Jesucristo mismo le dice:

20. En cuanto al misterio de las siete estrellas, que has visto en mi diestra, y los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias y los siete candelabros son siete Iglesias.

Y luego en cada una de las siete Iglesias leemos al comienzo: “Al Ángel de la Iglesia de… escríbele, etc”

jueves, 27 de diciembre de 2012

Saber Esperar. Un texto de Fray María Rafael


12 de julio de 1936 - 25 años

Meditaciones de un trapense - San Isidro

Saber esperar

En la Trapa tenemos los trapenses un consuelo muy poco conocido en el mundo... Aquí en la casa de Dios y separados del bullicio de los hombres, se ve de una manera palpable lo corto que es todo lo que pasa con el tiempo... En el mundo también, pero es de otra manera.
El mundo cuando comenta la rapidez de la vida lo hace con un “dejo" de tristeza; se lamenta de la brevedad de todo... El hombre vive muchas veces del recuerdo… y lo que pasó ¿de qué le sirve?... No se enmienda, sigue buscando en la vida que aún le queda, lo que no encontró en la vida que vivió. Le llegan los años últimos y en estos aún nota más la nostalgia de lo que pasó, y lo breve de todo… triste vejez la del mundo.
En la Trapa, al monje lo que fue ya no le importa… Solamente tiene el inmenso consuelo de saber que lo que aún le queda, ha de pasar. ¿Qué hacer, pues sino esperar? Y con qué alegría y paz se espera, lo que es cierto ha de venir.
Qué paz da al alma pensar, que lo que espera, ni los hombres ni los acontecimientos pueden impedir su llegada... Cada día que pasa, es un día más que nos acerca al comienzo de la verdadera vida.
Lo que para el mundo es el fin, para el monje es el principio. Todo llega, todo pasa..., sólo Dios permanece.

martes, 25 de diciembre de 2012

La Estructura del Apocalipsis (I de III)


II Parte - III Parte 

Ver la Addenda 

Mucho se ha hablado tanto de los sistemas de interpretación del Apocalipsis como así también sobre los diversos métodos que cada uno de ellos emplea para defender su postura. Sobre esto ya hemos dicho algunas cosas, pero ahora vamos a intentar hacer algo diferente: nuestra idea será indagar, por un lado, si hay en el Apocalipsis algún orden o estructura que ayude a entender este misterioso libro, y por el otro, si esta misma estructura la encontramos en algún lugar de las Escrituras.

I) Primera división.

Como lo han notado algunos autores podemos encontrar la primera y más elemental división del Apocalipsis ya en el primer capítulo:

El versículo 19 parece ser clave para conocer la estructura del Apocalipsis. El texto dice así:

19. Escribe, pues, lo que hayas visto y lo que es y lo que debe suceder después de esto.

Jesucristo le manda, pues, escribir a San Juan:

1)Lo que hayas visto”, lo cual, hasta ese momento no era sino la visión de Jesús de los versículos 12 a 18.

2)Lo que es” parecerían ser las cartas a las 7 Iglesias narradas en los capítulos II-III.

3)Lo que debe suceder después de esto” sería el resto del libro, es decir los capítulos IV-XXII.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. III (IV de IV)


7. Inocencia y sacrificio

Cuando se habla de las diversas formas de sacerdocio y de culto, suele ponerse todo el énfasis en su función restauradora, en la salud que traen al orden vulnerado por el delito de Adán y por el de sus hijos. Esa tendencia parece alentada por la historia de las religiones, con su lago de sangre humeante en el que chapotean millones de “sacerdotes del Ser supremo”. Y tal vez a ello se deba el que ningún teólogo haya reconocido en el primer precepto dado por Dios al primer hombre, no obstante la evidencia de su efecto consagratorio, la institución del sacrificio primordial.
San Agustín se anima a sugerir que no fue necesaria, en el estado de justicia original, una oblación distinta de la interior, de la que tiene por único signo externo el propio ser: “Entonces, como estaban puros y limpios de todas las manchas del pecado, se ofrecían a sí mismos a Dios por hostia y sacrificio purísimo”[1].

domingo, 23 de diciembre de 2012

Los Judíos y la Santísima Trinidad

Tomado de Billuart O.PTractatus de Trinitate, Proemio, art. II.



Dore, la entrada trinufal en Jerusalén.
Billuart, Tractatus de Trinitate, Proemio, art. II.

“Aunque lo que hasta aquí hemos escrito ha sido tomado del Antiguo Testamento y vale también contra los judíos que lo aceptan, sin embargo, puesto que dicen que interpretamos mal las Escrituras, a fin de cortar esta objeción, argumento contra ellos de la siguiente manera:

Los judíos están obligados a reconocer que interpretamos correcta y legítimamente las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento si los rabinos anteriores al cristianismo lo interpretaron como nosotros. Pero esto es lo que sucede. Ergo.

La Mayor parecería que la deberían aceptar necesariamente: así como ellos no quieren aceptar a los nuestros como parte así tampoco nosotros a ellos; elíjanse pues jueces imparciales como son los doctores de entre su pueblo y religión que han interpretado las Escrituras antes que los cristianos.
Y si estos contradicen su fe ¿A quién van a citar? ¿A las Escrituras? Pero esto no es posible porque precisamente estamos discutiendo con ellos sobre su sentido. Además si los doctores más antiguos y principales de la ley Mosaica erraron en este principal misterio de la religión, entonces le hubiera sobrevenido tanto la sinagoga como al pueblo judío un peligro patentísimo de error contra la fe, lo cual parece del todo ajeno a la providencia y benevolencia que Dios tuvo para con este infeliz pueblo.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. III (III de IV)


6. Literatura moderna y pecado original

Cuando un exégeta de gran erudición considera necesario, por científico, echar sombras sobre la castidad de Adán y de Eva, recurre para ello a documentos de literatura antigua y a otros vestigios arqueológicos emparentados con la hipótesis que se le ha ocurrido. En cambio, un literato desprovisto de ese envidiable arsenal de paralelos exóticos, y que desea honrar padre y madre con la publicación de igual sospecha, no tiene otro recurso que el de su propia fantasía; y ésta ofrece ocasiones de desacierto más abundantes y ruidosas que la sola erudición. Tal el caso del escritor francés teologizante (autor de bellas meditaciones filosóficas en torno a temas del misterio cristiano) que ha escrito Le développement des idées dans l'Ancien Testament[1].

martes, 18 de diciembre de 2012

El Cántico de Tobías

Nota del blog: Intelligenti pauca...
Para ver las notas de Straubinger ir a pag. 487 (496 según la numeración de la Biblia) AQUI 

G. Dore "La nueva Jerusalén"

CAPÍTULO XIII

CÁNTICO DE TOBÍAS.

1. Tobías el anciano abrió su boca,
y bendiciendo al Señor dijo:

"Grande eres Tú, oh Señor, por siempre, y tu reino dura por todos los siglos.
2. Porque Tú castigas y salvas;
Tú conduces al sepulcro y sacas de él,
y no hay quien escape de tus manos.

3. Bendecid al Señor, hijos de Israel,
y alabadle ante las naciones.
4. Pues por eso os ha esparcido
entre las gentes que no lo conocen,
para que contéis sus maravillas,
y les enseñéis que fuera de Él
no hay otro Dios todopoderoso.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. III (II de IV)


4. Sexo y pecado original.

Si no el fruto de un árbol, ¿qué cosa fue aquel primer objeto de prohibición divina y de humana desobediencia?
Admitimos que en la campaña sin tregua contra un literalismo irracional, enemigo de la ciencia y perturbador de la fe, se cometan de vez en cuando algunas injusticias no irreparables. Concedamos también que los buenos exégetas que hoy rechazan la historicidad del árbol vedado tengan, para ellos, sus buenos motivos; y les anticipamos la seguridad de nuestra pronta adhesión, para el día en que sus bien fundados motivos dejen de ser inéditos. Pero nos resulta imposible la indulgencia con alguno de estos buenos escrituristas, cuando sugiere que el fruto de aquel árbol representa, en la intención de los autores del Génesis, un acto sexual licencioso.

viernes, 14 de diciembre de 2012

La Iglesia Católica y la Salvación, Cap. IV (I de III)



Pius PP IX


IV

LA ALOCUCION SINGULARI QUADAM


Dos declaraciones del Papa Pío IX sobre la necesidad de la Iglesia para la obtención de la salvación eterna son de primordial importancia en el estudio desta sección de la sagrada teología. La primera se encuentra en su alocución Singulari quadam, pronunciada el 9 de Diciembre de 1854, el día siguiente de la solemne definición del dogma de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, a los Cardenales, Arzobispos y Obispos que se reunieron en Roma para presenciar la definición. La segunda se contiene en su encíclica Quanto conficiamur moerore, dirigida a los Obispos de Italia el 10 de Agosto de 1863.
Ambos pronunciamientos son tremendamente profundos y ricos en implicancias teológicas. Además son mucho más difíciles de explicar que cualquier otra pronunciación  de la Iglesia docente sobre este tema. De hecho, han sido muy a menudo mal interpretados por los escritores Católicos que los han examinado muy superficialmente o que incluso, en algunos casos, han aceptado traducciones que eran un poco menos que completamente adecuadas. En ambos documentos es necesario considerar el contexto en el cual Pío IX habló y explicó el dogma.
La sección pertinente de la Singulari quadam incluye los siguientes párrafos:

jueves, 13 de diciembre de 2012

Lacunza y una objeción contra el Milenio




I. Status quaestionis.


1) Introducción.

Lacunza comienza su monumental obra “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad[1] con un estudio general dedicado a dos cosas: primero a explicar el sentido literal de las Escrituras y luego continúa hablando de los dos sistemas existentes en lo que respecta a la Segunda Venida. Al analizar el segundo déllos, que es el que propugna, el exégeta chileno se plantea una serie de objeciones en contra del Milenio. La idea es analizar en este breve artículo la quinta objeción y la subsiguiente respuesta del P. Lacunza.


2) Objeción y Respuesta.

La objeción está tomada del capítulo XXV, 31 ss de San Mateo y la resume desta manera:

“Este lugar del evangelio es uno de los grandes fundamentos, si acaso no es el único, sobre que estriba y pretende hacerse fuerte el sistema ordinario. Porque lo primero dicen: aquí se habla conocidamente del juicio universal, y aún se describe el modo y circunstancias con que se hará. Lo segundo en este lugar se dice expresamente que el juicio universal, de que se habla se hará entonces, esto es: cuando el Hijo del hombre vuelva en su gloria, modo de hablar que junta, une, y ata estrechamente un suceso con otro y que por consiguiente no da lugar, antes destruye enteramente todo espacio considerable de tiempo entre la venida del Señor y el juicio y resurrección universal.”

lunes, 10 de diciembre de 2012

Fray María Rafael, sobre la vejez.

Nota del Blog: Sigue a continuación un hermoso texto de Fray María Rafael a un tío-abuelo suyo, escrito a los 26 años.

Sicut Cervus...


Sobre la vejez

 Hace unos días tuve ocasión de leer unas cuartillas de un viejo cristiano. Vi en ellas la prudencia que dan los años, y la paz serena, del que nada del mundo espera, porque todo lo espera únicamente de Dios.
Terminaba sus reflexiones diciendo: ¡Qué feliz es la vejez!
Qué bien suena esa exclamación en los labios de un viejo... Cuánto debe agradar a Dios esa alegría interior, que se nutre de la ilusión de dejar algún día de vivir..., de la ilusión de la muerte cercana..., de la ilusión de ver a Dios.
El hombre no puede vivir sin una ilusión.
Los niños sueñan con ser hombres; los hombres ponen muchas veces su ilusión en cosas que los años van transformando en desengaños, de los cuales a menudo, Dios se vale para atraer al hombre hacia sí y llenar su corazón de la única ilusión que de veras satisface al alma, y para la cual no hay edades..., la ilusión de Dios.
Feliz..., mil veces feliz, la vejez llena de canas y de apagada mirada, que nada del mundo espera, y sonríe con esa alegría de la paz interior y que Dios comunica a sus amigos.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. III (I de IV)

G. Dore. 

III. SACERDOCIO Y SACRIFICIO

1. Sacerdocio y sacrificio ministeriales.

Para los autores inspirados de la Sagrada Escritura, sacrificio y sacerdocio son inseparables. Así también lo ha entendido, más o menos explícitamente, toda la tradición. Y el Concilio de Trento, al consignarlo, nos enseña que esa unidad indisoluble es de ley natural: “Sacrificium et sacerdotium ita Dei ordinatione coniuncta sunt, ut utrumque in omni lege exstiterint[1].
Aquí surge, ineludible, una pregunta que no siempre ha sido bien contestada; a saber: ¿el acto religioso por excelencia es privilegio exclusivo de quienes presiden[2] legalmente las ceremonias del culto?

viernes, 7 de diciembre de 2012

Las admoniciones a las Iglesias del Apocalipsis: "Vengo" - "Vengo a tí"


Al comentar el vers. 1 del II capítulo Straubinger dice: “nótese también... la fórmula cada vez más apremiante en que Jesús anuncia su Venida: Vengo a tí (II, 5); vengo a tí presto (II, 16); hasta que Yo venga (II, 25); vendré como ladrón (III, 3); mira, pronto vengo (III, 11); estoy a la puerta y golpeo (III, 20)”.
Por su parte Castellani al comentar la Iglesia de Tiatira dice en II, 25: “La Parusía aparece en el horizonte: primera mención de ella en estas cartas”.

¿Qué decir al respecto? Creemos que Castellani tiene razón y que lo que se dice en II, 5 y II, 16 no se refiere a la Parusía sino a un juicio particular a la Iglesia que va a implicar el fin de la época y el comienzo de la siguiente.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El nombre de los enemigos en las siete cartas del Apocalipsis


Tomado de PoirierLes sept Eglises pag. 39 ss. Omitimos algunas notas.

“Después del nombre simbólico de la descripción de Cristo, con sus estrellas y candelabros, los diversos nombres que toman los enemigos de las iglesias y su acción subversiva ofrecen materia para útiles comparaciones. Los autores se han fatigado mucho en tratar de identificarlos; y la multitud de sus probabilidades ofrecen, a fin de cuentas, pocas garantías. Lo que quiero es, como Ramsay, tomar las palabras tal como suenan y buscar comprender lo que pueden significar para los destinatarios; ¿pero hasta qué punto esto es, no digo legítimo, sino tan sólo útil? Las conclusiones de los parágrafos precedentes nos indican que a menudo hay que buscar más allá de los destinatarios inmediatos del Apocalipsis a fin de obtener un sentido satisfactorio.

martes, 4 de diciembre de 2012

Introducción de León Bloy a la Vie de Mélanie, Bergère de la Salatte, écrite par elle-même (VII de VII)

VII

El deslumbramiento le ha sido prometido a aquellos que, conociendo ya el secreto de Mélanie, quieren leer el recitado que va desde los primeros años de su infancia hasta aquel día en que otro secreto, más profundo todavía, tuvo lugar.
Sin embargo se requiere una gran simplicidad de corazón. Jamás ha existido una criatura más simple que Mélanie. Ecce ancilla… Ella es, si se me permite la similitud, simple como María en Nazaret. Respira a Dios y a la Madre de Dios con la ingenuidad de una desas plantas infinitamente puras y suaves del Paraíso del cual parece haber sido la jardinera. Está sobre la tierra como si no estuviera y su clarividencia, a menudo tan extraordinaria, de las cosas deste mundo es una continuación de su visión de las cosas eternas. Dotada, en el sentido más alto, del sentido profético, no existe para ella sucesión o encadenamiento de conceptos. Las nociones de tiempo y lugar le son inútiles. No tiene necesidad de comprender ya que sabe, con una ciencia infusa, primordial, al igual que Adán y Eva antes del pecado.
Es cierto que está, al igual que cada uno de nosotros, bajo la ley de la caída, pero, por efecto de un trastoque excepcional, cae hacia arriba desde el primer día…  

lunes, 3 de diciembre de 2012

Introducción de León Bloy a la Vie de Mélanie, Bergère de la Salatte, écrite par elle-même (VI de VII)

Mélanie Calvat

VI

Creo que el vero nombre de Mélanie es MAGNIFICAT. Todo lo que hace, todo lo que dice, sea en su infancia o en su vejez tiene el aire de una paráfrasis deste Cántico de la Inmaculada:
“Su alma glorifica al Señor y su espíritu se goza en Dios su Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva, por lo cual todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Pues aquel que es Poderoso ha hecho en ella grandes cosas y Su nombre es santo. Y su misericordia va de generación en generación para los que le temen. Mostró el poder de su brazo y dispersó a los que se ensoberbecieron en los pensamientos de su corazón. Bajó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes. Llenó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada. Acogió a Israel su siervo, recordando la misericordia, conforme lo dijera a nuestros padres a favor de Abraham y su posteridad para siempre”.
Sé que habrá personas que encontrarán desmesurado el poner las palabras de la nueva Eva en otra boca que no sea la suya. Sin embargo eso es lo que hace la Iglesia cuando invita a todos los fieles a cantar las vísperas. Somos de tal manera miembros de Jesucristo, Dioses incluso, según la palabra del salmista expresa y divinamente subrayada en el Evangelio, que no existe una afirmación santa aplicable estrictamente a la Divinidad que no pueda también decirse con provecho y amor por uno mismo. Ahí radica todo el secreto de la Liturgia católica. ¡Con cuánta mayor razón no pertenecerá la lengua sacra a ciertos seres extraordinariamente privilegiados como Mélanie, separados hasta lo indecible de las demás criaturas humanas por su vocación profética y apostólica!

domingo, 2 de diciembre de 2012

El sentido histórico-profético de las promesas en las siete cartas del Apocalipsis.

  Nota del blog: sigue a continuación un texto muy interesante escrito por L. Poirier O.F.M. en su tesis doctoral "Les sept Eglises" (1943), The Catholic University of America.
Recordar lo que hemos dicho sobre "el vencedor" AQUI 


“… es interesante remarcar que esta interpretación es una parte débil en varios comentadores. Lo vago de cada una de las siete promesas tomadas en particular no deja sino conjeturas; y Ramsay, por ejemplo, debe sutilizar a fin de relacionar las predicciones con la historia conocida de cada ciudad. Este es, me parece, un nuevo signo de que la interpretación de las cartas debe ser una interpretación conjunta basada sobre el valor global y colectivo de su contenido; el final no lo dice bastante: qui habet aurem audiat quid Spiritus dicta ecclesias: lo que se dice de cada una de las Iglesias debe ser dicho al conjunto a fin de ser comprendido[1].

Todos los términos de las promesas se encuentran, de una manera u otra, en el resto del libro, sobre todo en los capítulos XIX-XXII. Estos paralelos no tienen, sin embargo, el carácter sistemático de los que se encuentran en los capítulos I y II-III por la descripción de Cristo: es inútil buscar por este lado. Por el contrario, las promesas ofrecen el fenómeno singular de un desarrollo histórico basado en el Antiguo Testamento, desde Adán hasta Cristo. Las imágenes así evocadas, no siempre explícitas, nos hacen recorrer toda la economía del plan divino, haciendo de la historia una profecía…
Una lectura incluso superficial provoca las relaciones. La primer promesa de “del árbol de la vida que está en el paraíso de mi Dios” (Éfeso II, 7b), nos lleva a los primeros recitados del Génesis; el “maná escondido” (Pérgamo II, 17b) evoca la permanencia de Israel en el desierto; “el poder sobre las naciones” y la descripción que la acompaña, tomada del Salmo II, 9s, da a pensar en los bellos tiempos de la monarquía de Israel, tipo del reino mesiánico (Tiatira, II, 25-26); la evocación de un Templo que no será jamás destruido y de una Jerusalén nueva (Filadelfia III, 12) sugiere con bastante fuerza los tiempos post-exílicos y los sermones de Ageo y Zacarías… probablemente no es casual que de siete promesas cuatro evoquen el Antiguo Testamento en orden cronológico.
Hort da el siguiente paralelo:

sábado, 1 de diciembre de 2012

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. II


II. EL SACRIFICIO, ACTO RELIGIOSO POR EXCELENCIA

I. La virtud de religión, forma eminente de justicia

Nos hemos referido a la religión en su efecto propio, que es la religación del hombre y de todas las criaturas con Dios, el retorno de la creación al Creador; y aunque sólo incidentalmente, hemos hablado también del sacrificio, que es el acto religioso por excelencia. Nos ocuparemos ahora del principio elicitivo de tal acto, que es la virtud de religión.
Si recapitulamos lo dicho acerca de la religión en general (a la que creemos haber redimido, siquiera en parte, de los equívocos de la etimología), convendremos en que ella es, desde cualquier lado que se mire, ordenamiento del hombre y de todas sus cosas  a Dios: “porque a Él es, en efecto, a quien primordialmente debemos ligarnos, como a principio indefectible; a Él, como a fin último, debe tender nuestra voluntad de elección, asiduamente; y a Él, después de haberle rechazado pecando, le debemos recuperar creyéndole y atestiguando nuestra fe”[1].