jueves, 14 de marzo de 2013

El Cordero y su Iglesia (Apoc. 14, 1-5) III de III


III) La Iglesia militante de Cristo Rey es fiel.

Es fiel —en líneas generales— a la Nueva Alianza sellada con la sangre del Cordero divino, Cristo Jesús, el Mediador del Nuevo Testamento. Esto nos lo da a entender en particular el significado de las siguientes expresiones referentes a los 144.000 que:

a) “No se mancharon con mujeres, como vírgenes que son”: (v. 4a),

b) "Siguen al Cordero dondequiera que va" (v. 4b).

c) “Fueron rescatados de los hombres, primicias para Dios y para el Cordero" (v. 4c).

d) Además ratifica esta triple fidelidad lo que de estos 144.000 se dice en el v. 5, a saber: "y en su boca no se halló mentira; son irreprochables".


Cabe notar que este pasaje tiene un marcado paralelismo con aquello de Jer. 2, 2-3: "Me acuerdo en tu favor de tu afección (a Mí) en tus mocedades, del amor de tus desposorios, de tu seguirme por el desierto, por tierra no sembrable. Posesión santa (era entonces) Israel para Yahveh, primicia de sus frutos".
Esto nos ayudará mucho a interpretar el texto correctamente.

Primera característica, primer testimonio de fidelidad:

a) "No se mancharon con mujeres, como vírgenes que son" (v. 4a).

Con un gusto particular los Profetas, ante todo, solían representar a la Alianza del Antiguo Testamento bajo la imagen de "desposorio" o "matrimonio". En consecuencia, toda infidelidad a la Alianza era considerada como fornicación o adulterio.
Lastimosamente muchas veces los Profetas se vieron obligados a echar en cara a Israel esta infidelidad a la Alianza cuando ellos se iban tras dioses ajenos y los adoraban.
La Nueva Alianza es considerada también en el Nuevo Testamento como otro desposorio o como otro matrimonio entre Dios y su Nuevo Israel, la Iglesia de Cristo; pero se diferencia de la Antigua de una manera especial por su fidelidad. Ya San Pablo en su segunda carta a los Corintios, apropiándose de esta imagen dice: "Os desposé con un solo varón, para presentaros como casta virgen a Cristo" (11, 2).
El mismo San Juan en su Apocalipsis voluntariamente vuelve a tomar estas imágenes: la Iglesia es la esposa del Cordero (19, 7;  21, 2-9); Babilonia, al contrario, está representada como una prostituta (17, 4-6), como la Jerusalén infiel de Ez. (16 y 23), a causa de su idolatría (cf. Apoc. 2, 14-21).
Luego, al tildar San Juan a estos 144.000 de "vírgenes" y al decir que ellos "no se mancharon con mujeres", quiso expresar la fidelidad de éstos a la Alianza divina, especialmente en lo que se refiere al culto por cuanto estos no se entregaron  a la idolatría (como lo hicieran los israelitas) sino que rindieron culto al verdadero Dios. He aquí, pues, la figura ideal de la Iglesia en el Nuevo Testamento, que milita en la tierra, como esposa inmaculada de Cristo. Toda ella es "virgen" en cuanto permanece fiel en el culto divino que tributa al Cordero y a su Padre.
El contexto mismo ya arriba expuesto nos hace ver que se trata ante toda de la fidelidad de toda la Iglesia militante a la Nueva Alianza y a su Mediador. En efecto, los 144.000 “vírgenes" son la antítesis de los adoradores de la Bestia y de su imagen “de toda tribu, pueblo, lengua y raza” (13, 7 y 14, 6).
Luego "no se mancharon con mujeres" por cuanto no idolatraron a la Bestia ni a su imagen, como los secuaces de ella, sino que permanecieron fieles a la Alianza "como vírgenes que son”, adorando al Cordero y a su Padre.
También el texto desdice a aquellos que ven aquí una prerrogativa exclusiva de los célibes ya que más o menos la mitad de ellos quedaría excluida, pues en todo el pasaje se emplea siempre el género masculino "los vírgenes" y nada se dice de "las vírgenes".

Segunda característica, 2º testimonio de fidelidad:

b) "Estos siguen al Cordero dondequiera que va".

Esta expresión no deja de tener resonancia en el Antiguo Testamento. En el mismo texto recientemente citado de Jer. se lee: "me acuerdo… de tu seguirme por el desierto, por tierra no sembrable" (Jer. 2, 2). En este caso el paralelo está en que así como Israel (la Iglesia militante del Antiguo Testamento) seguía a su Dios por el desierto así el Nuevo Israel (la Iglesia Militante del Nuevo Testamento) sigue a Cordero, su Dios, Rey y Esposo dondequiera que va.
En esta característica se denota ante todo la fidelidad en la lucha; por lo tanto, la heroicidad de la Iglesia militante. El contexto mismo necesariamente nos lleva a esto mismo. La antítesis entre los dos bandos que aquí claramente se distinguen, no hay para qué exponerla más.
Además este seguir heroico a Cristo Rey no parece ser sino un eco de aquello que se encuentra en algunos otros pasajes del Nuevo Testamento en boca de Jesucristo: "Sígueme" tantas veces inculcado a sus Apóstoles, especialmente a San Pedro en aquella última escena que nos narra en su Evangelio el mismo autor del Apoc. (Cf. J. 21, 18 s.)

Tercera característica, el 3º testimonio de fidelidad:

c) "Fueron rescatados de los hombres, primicias para Dios y para el Cordero".

El mismo texto de Jer. 2, 3: "Posesión santa (era entonces) Israel, primicias de sus frutos", sirve una vez más de paralelo.
Como los hebreos habían sido libertados de la tierra de Egipto por la sangre del Cordero Pascual, así también la Iglesia del Nuevo Testamento fué rescatada de la tierra de pecado por la sangre del Cordero divino y es la posesión santa de Dios, las primicias de los frutos de la inmolación del Cordero.
Es una característica que denota el mutuo amor entre Dios y su nuevo pueblo escogido, los 144.000, e. d. todos los miembros de la Iglesia militante.
Esta triple característica de la fidelidad de la Iglesia militante a la Alianza con su Dios, su Rey y su Esposo (que eso parece significar lo anteriormente expuesto), viene ratificado, por último, con una afirmación contundente:

d) "Y en su boca no se halló mentira: son irreprochables."

Su paralelismo se encuentra también en Sofonías 3, 12-13: "Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, que buscará refugio en el nombre de Yahveh. El resto de Israel no cometerá iniquidad, ni hablará mentira, ni se encontrará en su boca lengua engañosa; pues ellos se apacentarán y se echarán, sin que haya quien los aterrorice".
Ya en el v. 9 había expresado el Profeta la misma idea y que sirve, a la vez, de aclaración: "Ciertamente, entonces devolveré a los pueblos un labio puro, para que invoquen todos ellos el nombre de Yahveh y que le sirvan con un solo hombro".[1]
La mentira, pues, por contraste, no puede ser sino invocar el nombre de los falsos dioses y servir a los ídolos paganos, faltando así a la Alianza. Luego, los 144.000, llamados por el Profeta "el resto de Israel" y que es la Iglesia del Nuevo Testamento, no proferirán mentiras por cuanto no se volverán idólatras sino que serán fieles a la Alianza del Cordero.
El contexto mismo nos hace ver la oposición entre la mentira y la Verdad, la idolatría y la fidelidad religiosa al contemplar, por una parte, a la Bestia con su imagen y a todos sus secuaces y, por otra, al Cordero y a su Padre con los 144.000 "vírgenes".
Estas son, pues, las características de la Iglesia ideal del Nuevo Testamento, cuyos miembros militan en esta tierra a las órdenes del Cordero, que es Dios, es Rey y es Esposo, con invencible arrojo e inquebrantable fidelidad.

Quiera Dios, finalmente que esta magnífica y arrobadora visión nos llene de consuelo y de ánimo en el duro combatir del día, y tengamos abiertos los oídos para escuchar a menudo ese cantar nuevo que la Iglesia triunfante entona sin cesar en el cielo y que sólo nosotros (los 144.000) tenemos el privilegio de comprenderlo a la par que lo escuchamos, nosotros que aquí nos vemos tan fieles en el culto divino, tan heroicos en el seguimiento de Cristo Rey y tan preferidos del Amor divino que nos ha hecho el objeto de su predilección. Aquí podemos llenarnos de fe, de esperanza y de amor y renovar, a la vez, nuestro juramento de fidelidad a Cristo Jesús, el Mediador de la Nueva Alianza y Rey inmortal de los siglos.


Pedro Miranda, S.V.D.
Misionero chileno para la India.



[1] Nota del Blog: Lacunza da una interpretación deste versículo muy interesante. Dice que se aplica al milenio y que implica una vuelta a la unidad del lenguaje previo a la confusión de lenguas y que este idioma será el hebreo.