jueves, 22 de junio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice III, La Vuelta y el Reino de Cristo en la Liturgia (II de IV)

TIEMPO DE EPIFANIA

La Epifanía es la verdadera fiesta de Cristo Rey que la Iglesia celebra desde hace siglos. Toda su literatura está orientada a la alabanza de la realeza maravillosa de Cristo.

Hemos hecho notar que un día los judíos supieron mostrar a los gentiles dónde estaba su Rey[1]. Estos lo encontraron, en cambio las tinieblas espirituales cegaron a los judíos. Pero en el último día su nombre será conocido por todos: "Rey de Reyes y Señor de señores" (Apoc. XIX, 16).

El Introito de la Epifanía canta esta realeza (Mal. III, 1 y I Paral. XXIX, 12): "Ha llegado el Soberano Señor; en su mano tiene el reino, el poder y el imperio".

El salmo LXXII contiene casi todos los trozos cantados de esta fiesta, tanto en la Misa como en el Breviario. Algunos versículos de este salmo son particularmente típicos para mostrar cuál será la realeza futura del Mesías: "Y Él dominará de mar a mar. y desde el Río hasta los confines de la tierra. Ante Él se prosternarán sus enemigos, y sus adversarios lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán tributos; los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes. Y lo adorarán los reyes todos de la tierra”

Todos estos textos no pueden referirse sino a la segunda venida y Reino, puesto que el día en que los Magos llegaron a Belén, su cortejo no se parecía a esa enumeración de reyes de que nos habla el salmo LXXII, ni a la que describe magníficamente Isaías LX y que nos presenta la Epístola. "Muchedumbre de camellos te inundará, dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos vienen de Sabá, trayendo oro e incienso y pregonando las glorias de Yahvé".

domingo, 18 de junio de 2017

Notas a la Escritura Santa, VI. "Y no la conoció" (Mt. I, 25)

VI

Et non cognoscebat eam – Y no la conoció (Mt. I, 25)

Nota del Blog: La siguiente interpretación, muy interesante, pertenece al excelente exégeta, R. Thibaut, S.I. y está tomada de la Nouvelle Revue Théologique, vol. LIX (1932), pag. 255-6.

Para comodidad del lector, hemos dado entre paréntesis y en color verde las citas a las que alude el Autor en varias oportunidades.



La frase donde se inserta la proposición puesta como título de esta nota, se presenta dividida de la siguiente manera en la interpretación recibida:

“Despertado de su sueño, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y tomó consigo a su mujer; y no la conoció hasta el día en que dio a luz un hijo; y él le dio el nombre Jesús” (Lagrange, 1923)[1].

Nosotros proponemos la distribución siguiente:

“José hizo lo que el ángel le había dicho:

1) tomó consigo a su mujer (y no la conoció) hasta el día en que ella dio a luz un hijo;

2) él le dio al niño el nombre Jesús”.

martes, 13 de junio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice III, La Vuelta y el Reino de Cristo en la Liturgia (I de IV)

III

LA VUELTA Y EL REINO DE CRISTO EN LA LITURGIA

La liturgia romana ha tenido el mayor empeño en actualizar el misterio de Cristo, con el fin de permitir a los fieles el vivir día a día la acción redentora del Salvador.

El año litúrgico, que es como un compendio de la vida de Jesús, se divide en dos ciclos: ciclo de Navidad y ciclo de Pascua. Coloca bajo nuestra vista y a nuestro corazón los grandes acontecimientos de esta vida, con el objeto de que podamos concretizarlos.

La existencia de Jesús — como hombre — ha tenido un comienzo: es su venida a la tierra y su nacimiento en Belén. Pero esta primera venida tendrá su continuación magnífica en su vuelta gloriosa al fin de los tiempos.

No es extraño pues, que la liturgia haya pensado acercar estos dos sucesos del Señor, el uno humilde, el segundo magnífico, y puesto que el segundo es nuestra esperanza suprema la Iglesia romana hace de él el Omega de su liturgia.

En el primer Domingo del año litúrgico — 1° Domingo de Adviento, — leemos el Evangelio de San Lucas que expone los signos precursores de la vuelta de Cristo; y en el último Domingo del año — 24° después de Pentecostés — leemos el mismo anuncio en el Evangelio de San Mateo.

El año litúrgico en su comienzo y en su fin quiere llamar la atención del cristiano sobre el suceso por el cual debe suspirar continuamente, que es la base de su esperanza y que San Pablo sintetiza así: "¡Tanto en su aparición como en su reino!".


ADVIENTO

martes, 6 de junio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VIII de XV)

Después de lo dicho hasta aquí tenemos que analizar con más detalle los vv. 3-7, pues todavía hay cosas por aclarar.

3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—
5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?
6. Y ahora lo que detiene, sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo.
7. En efecto, el misterio ya está obrando de iniquidad; sólo el que detiene ahora, hasta que del medio surja.


a) Katéjon como neutro y masculino.

Conocida es la distinción que los exégetas han visto (o procurado ver) entre el katéjon neutro y masculino (lo que y el que detiene, respectivamente), dando para ambos términos dos interpretaciones diversas que los habituados a la exégesis de este capítulo conocerán de sobra, pero de nuevo tenemos que decir que nos parece estar ante otra suposición.

Antes de meternos de lleno en el tema, notemos tan sólo algunas interpretaciones de carácter más general que se acercan más de lo que parece a primera vista a nuestra posición, tal como luego veremos en el punto siguiente:

Zorell:

κατ-έχω: Parecería que la mejor es la sentencia de los Padres, según la cual el imperio Romano es τὸ κατέχον, y el Emperador ὁ κατέχων (…), para otros como Reischl, Crampon, Griesbach, τὸ κατέχον es la apostasía, ὁ κατέχων el hombre de pecado (v. 3), lo que retarda el día y venida del Señor”.

Crampon:

Lo que retiene, versículo 6, es pues el conjunto de las condiciones previas a la venida de Cristo, es decir, la apostasía y la aparición del anticristo.  El que lo retiene: es el anticristo que debe, antes de la venida de Cristo, salir del medio de la humanidad entrenada por el espíritu anticristiano”.

¿Cuál es, nos preguntamos antes que nada, la necesidad de multiplicar los significados cuando gramaticalmente nada lo exige?

jueves, 1 de junio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice II, El Reino Milenario (III de III)

Los Padres de la Iglesia que creían en el Milenio, lógicamente creyeron también en una primera resurrección para los justos de acuerdo con la enseñanza tantas veces repetida del Nuevo Testamento.

Esperaban pues, "la mejor resurrección" (Heb. XI, 35) aquella en que "los muertos en Cristo resucitarán" (I Tes. IV, 16) "cada uno por su orden... luego los de Cristo Cristo en su Parusía" (I Cor. XV, 23).

Leemos en la Didakhé o DOCTRINA DE LOS APOSTOLES (Siglo I):

"Entonces aparecerán los signos de la verdad: primer signo los cielos abiertos; segundo signo, el sonido de la trompeta; tercer signo, LA RESURECCION DE LOS MUERTOS, NO DE TODOS ES VERDAD, pero según lo que ha sido dicho: "El Señor vendrá y todos sus Santos con Él". Entonces el mundo verá al Señor "viniendo sobre las nubes del cielo" (Cap. XVI, 6-8).

Y en San Justino (Siglo II):

"Sabemos que sucederá una resurrección de la carne y que pasarán mil años en la Jerusalén reconstruida… los que hayan creído en nuestro Cristo pasarán mil años en Jerusalén después de lo cual sucederá la resurrección general" (Diálogo con Trifón. LXXXI 5, LXXXI, 4).

Sería fácil multiplicar estas citas hasta San Ambrosio.

Si estudiamos de cerca el texto original griego, notaremos que el Nuevo Testamento distingue claramente la resurrección de los muertos, es decir la resurrección general de todos los muertos, los malos como los buenos, de la resurrección de entre los muertos. Esta última frase indica que hay otros muertos que quedan atrás[1] y es por eso que San Pablo enseñaba que cada uno resucitará "por su orden: como primicia Cristo; LUEGO LOS DE CRISTO en su Parusía… el último enemigo destruido será la muerte" (I Cor. XV, 23-26).

domingo, 28 de mayo de 2017

In Memoriam: R. P. José Ramos García, C. M. F. (II de II)

I Parte

III) Criterios de exégesis

Necesario complemento de esta enumeración es añadir una palabra sobre sus criterios exegéticos. Ya que su exégesis bíblica, desde el principio hasta el fin, tiene un criterio y una luz que ilumina todas las cuestiones. Sea en el Antiguo, sea en el Nuevo Testamento, sea en las Profecías, o en las Parábolas, es siempre análoga la solución.

Consta esta en todos sus escritos, pero se halla sistematizada y orgánicamente expuesta por uno de sus alumnos de Propaganda Fide en su estudio titulado: “Apocalypsis schematica explanatio ex profesoris praelectionibus excerpta, a Rev. Roberto Alford, sac. Australiano. Romae 1938 (ad ususm privatum), pag. 73[1]. El mismo P. Ramos hace prefación y responde de las ideas suyas expuestas por su alumno, con fecha 23 de enero 1923.

Por esto, Alfred Felix Vaucher, en el fasc. 13-19, de febrero de 1955 de la colección “Lacunziana”, en que recoge todos los Padres y escritores Milenistas hasta nuestros días, al llegar al P. José Ramos García traza así su semblanza milenista con estas líneas que nos ahorran cuanto podríamos decir por nuestra cuenta[2]:

“José Ramos García, C.M.F., esp. nacido en 1884, había expuesto la mayor parte de las ideas de Morondo, en la revista Ilustración del Clero, 1925, pag. 167-168. En las lecciones dadas en Roma, en el Instituto pontifical, en 1935-1936, Apocalypsis schematica explanatio, R., 1938, IV-73 p., admitía aún un reino futuro (pag. 1-3, 8, 71-72), dos juicios generales, el de los vivos en la parusía, y el de los muertos al fin del período milenario (p. 3, 70-72), la conversión futura de Israel (pp. 2, 26-27, 52-53), el restablecimiento político de Israel (pag. 28-31), la reconstrucción de Jerusalén (pp. 44-45). Proponía reemplazar el término tan desacreditado de milenarismo por el de milenismo (pp. 2, 8, 71). En la Summa Isagogico exegética in utriusque testamenti libros sacros, II, R., 1940, pag. 341-377, enseñaba un milenio futuro un advenimiento premilenial. Cfr. Manuale isagogico-exegeticum in libros, II R., 1936, pp 365, 404-406. Ver Piolanti, de Novissimis, 1946, p. 121. La actitud tomada por el Santo Oficio, con respecto al milenarismo, en 1944 obligó a los católicos a ciertas moderaciones. Igualmente, nuestro autor, en “Estudios Bíblicos”, VIII, Mad. 1949, p. 75-133[3], suelta el lastre e intenta salvar algo. Abandona a Lacunza a su suerte (p. 93), propone reemplazar la venida premilenial visible (adventismo) por una simple intervención de Cristo (intervencionismo) deja abierta la cuestión de saber si la primera resurrección, la que acompaña a la parusía, debe ser corporal o espiritual, y se contenta con mantener un milenio futuro de paz entre los dos juicios, con la restauración de Israel. Llama a su sistema milenista, por oposición al milenarismo condenado por Roma”[4].

martes, 23 de mayo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice II, El Reino Milenario (II de III)

Desgraciadamente en vez de considerar este reino misterioso como un reino de cuerpos resucitados, de vida espiritualizada, de paz y pureza en presencia del Rey de reyes, un estado que debía parecerse al de Jesús después de su resurrección[1], que conservando la visión de su Padre podía, sin embargo, alimentarse, vivir como nosotros, andar sobre la tierra, aparecer y desaparecer; en vez de considerar el reino apocalíptico de mil años como anticipación de la vida celestial, muchos se dejaron llevar por la prescripción de realizaciones carnales y goces de orden puramente material.

Entonces para combatir este error San Agustín cambió bruscamente de opinión. En “la Ciudad de Dios" reconoce que lo que ha dicho anteriormente

"Se puede admitir creyendo que durante ese séptimo milenio (o reino de mil años del Apoc.) los santos gozarán de algunas delicias espirituales a causa de la presencia del Salvador; y agrega: Yo he pensado antes de ese modo.

"Pero como aquellos que adoptan esta creencia dicen que los santos vivirán en continuo festín, sólo las almas carnales podrán creer como ellos, por eso es que los espirituales los han llamado "Chiliastas", de una palabra griega que puede traducirse literal-mente por "milenaristas".

En seguida San Agustín trata de dar una nueva interpretación al reino milenario para destruir la esperanza de un reino terrestre y grosero.

"Respecto a los mil años pueden ellos comprenderse de dos maneras: o bien todo esto sucede en los últimos mil años, es decir en el sexto milenio cuyos últimos años transcurren actualmente[2]. Estos últimos años serán seguidos del Sábado que no tiene tarde, es decir, del reposo de los santos que no tiene fin, de modo que la Escritura llama aquí mil años la última parte de ese tiempo; considerando una parte por el todo[3].

Este es pues, el texto que tuvo más tarde tanta resonancia en la exégesis católica, ¡texto al cual se refieren siempre, pero sin transcribirlo! Es por lo demás bien confuso. Autorizaría en la primera parte a admitir el milenio en sentido literal:

martes, 16 de mayo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VII de XV)

5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?

Lo que sí todos recordamos es el lamento de San Agustín, casi desgarrador, y devenido clásico:

“Y porque dijo que lo sabían ellos, no quiso manifestarlo expresamente. Nosotros, que ignoramos lo que aquéllos sabían, deseamos alcanzar con trabajo lo que quiso decir el Apóstol, y no podemos…”.

Pero… ¿y si, como ya vimos más arriba por la cita de Padovani, San Pablo sí nos dijo, al igual que a los Tesalonicenses, cuál era el katéjon…?

Antes de continuar, es preciso notar en este versículo, siguiendo a los autores, un par de cosas:

I) La elipsis de todo este pasaje:

1. Os rogamos, hermanos, con respecto a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión a Él
2. que no pronto os mováis del entendimiento, ni os turbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por epístola, como nuestra: como que presente (esté) el día del Señor.
3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—
5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?

En lugar del v. 5, San Pablo debió haber terminado la frase que dejó inconclusa y decir, palabras más, palabras menos[1]:

“Si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición… no vendrá el día del Señor”.

jueves, 11 de mayo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice II, El Reino Milenario (I de III)

II

EL REINO MILENARIO

Leamos primeramente el texto del Apocalipsis:

"Y ví un ángel descendiendo del cielo, teniendo la llave del abismo y una cadena grande sobre su mano. Y se apoderó del Dragón, de la serpiente, la antigua, que es Diablo (Calumniador) y el Satanás (Adversario) y lo ató por mil años y lo arrojó en el abismo y cerró y selló sobre él para que no engañase más a las naciones, hasta que se hayan consumado los mil años; después de esto debe ser liberado poco tiempo. Y ví tronos y se sentaron sobre ellos y juicio se les dio, y (vi) las almas de los que habían sido decapitados a causa de “el Testimonio de Jesús” y a causa de “la Palabra de Dios”, y los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen y no recibieron la marca sobre la frente y sobre la diestra de ellos; y vivieron y reinaron con el Cristo mil años. Los restantes de los muertos no vivieron hasta que se hayan consumaron los mil años. Esta (es) la resurrección, la primera. ¡Bienaventurado y Santo el que tiene parte en la resurrección, la primera! Sobre estos la segunda muerte no tiene autoridad, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Él los mil años” (Apoc. XX, 1-6).

De esta página del Apocalipsis se derivan tres hechos extremadamente claros: un encadenamiento de Satanás que durará mil años. Una resurrección llamada la primera para los mártires y los confesores que durante su vida no recibieron la marca de la bestia (los impíos sólo resucitarán después). Un Reino de mil años con Cristo en los cuales los resucitados son sacerdotes y reyes (V, 10 habla de un reino sobre la tierra).

Los hechos están expuestos con claridad. Sin embargo, a causa de los misterios que los envuelven, muchos comentadores no han titubeado en declarar que estos hechos se han realizado espiritualmente. Según ellos Satanás está encadenado; nosotros los cristianos somos los resucitados de la primera resurrección, por el bautismo; y la Iglesia reina, libertada de Satanás en paz y justicia perfectas.

Ensayemos, con imparcialidad, exponer las dos opiniones, la de la Iglesia primitiva hasta el siglo V, y la de la exégesis que ha dominado después.

La palabra "milenio" empleada muy comúnmente es un término latino que quiere decir "mil años". Seis veces nos habla el Apocalipsis del reino de Jesucristo que debe durar mil años, antes del reino de los siglos y los siglos. Puede ser que la cifra mil años sea aproximativa solamente.

El Talmud enseñaba que habría un período de justicia y de paz sobre el mundo cuando fuesen libertados los judíos y que reunidos en la Palestina el Mesías reinaría sobre ellos.

viernes, 5 de mayo de 2017

In Memoriam: R. P. José Ramos García, C. M. F. (I de II)

II Parte

Nota del Blog: El siguiente texto está tomado de Estudios Bíblicos XVI (1957), pag. 422-428.

El día 15 del pasado julio, Radio Nacional trasmitía la triste noticia: en Santo Domingo de la Calzada ha entregado su alma a Dios el eminente escriturario español R. P. José Ramos, que hasta hace algunos años había sido profesor de ciencias bíblicas en el Pontificio Ateneo de Propaganda Fide.

I) Su vida.

Nació en Fuenteodra, provincia de Burgos, el 4 de febrero de 1884, ingresando apenas adolescente en el Instituto de Misioneros Claretianos, en el cual hizo su profesión religiosa el 20 de agosto de 1900. El 21 de diciembre de 1907 recibo la unción sacerdotal y muy pronto comenzaba su carrera docente, con las lenguas Bíblicas, en Teologado Calceatense. Muy pocos años duraron estas clases en dicho Teologado, pues pronto se trasladó a Zafra, Teologado del Instituto para la provincia Andaluza. Desde aquí, años más tarde, fue llamado a Roma a ocupar una cátedra de Propaganda Fide. Dio primero cursos de Historia Eclesiástica, pero no tardó en ocupar las clases de Ciencias Bíblicas, sucediendo en ellas a M. Ruffini. En 1936 llega a España para asistir a la Semana Bíblica que se proyecta en Segovia. Varias veces peligró su vida gravemente en Barcelona en aquellos días, a merced de las hordas marxistas; pero al fin pudo salir y trasladarse a la Zona Nacional. Reanudó sus actividades en Propaganda, hasta que en 1941 se veía precisado a dejar sus cátedras romanas[1], refugiándose en este Teologado Calceatense, para restaurar su salud y trabajar con más sosiego en la elaboración de sus obras.

Aquí ha alternado sus estudios con cargos de Gobierno en el Instituto y con diversas clases y cátedras, colaborando en diversas revistas; asistiendo a las Semanas Bíblicas y siguiendo el movimiento bíblico de España y del mundo, hasta que después de una penosa enfermedad pasaba a mejor vida en la fecha antes dicha.

II) Artículos.

En la imposibilidad de hacer un estudio a fondo de su doctrina y de toda su labor científica, no haremos más que enumerar sus producciones, agrupándolas en artículos y obras mayores.


a) Artículos en “Ilustración del Clero”[2].

lunes, 1 de mayo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice I, Las Profecías, XII Parte

EN LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS

1) Satán desencadenado, la lucha final: Gog y Magog

Apoc. XX, 7-11

Ez. XXXVIII-XXXIX; Sal. L, 1-7; Sof. I; Hab. III

2) Resurrección general "para el juicio"

Apoc. XX, 11-15; Jn. V, 29

Ez. XXXVII; Dan. XII, 2

3) Juicio de vivos y muertos

Apoc. XX, 11-15; Mt. XXV, 31-46; II Tim. IV, 1; Hech. X, 42; I Ped. IV, 5

Jl. III; Dan. XII, 2; Sal. XLVI, 10-13

4) El libro de la vida

Apoc. III, 5; XX, 12.15

Dan. XII, 1; Is. IV, 3; Sal. LXIX, 29

5) Entrega del reino al Padre

I Cor. XV, 24

Dan. VII, 13-14

6) Nuevos cielos y nueva tierra

Apoc. XXI, 1; II Ped. III, 13

Is. LXV, 17; LXVI, 22

7) Reino por los siglos de los siglos

Apoc. XXII, 5

Dan. VII, 14

8) Reinaremos por los siglos de los siglos

Apoc. XXII, 5; II Tim. II, 5

Dan., 7, 18

lunes, 24 de abril de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VI de XV)

3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—

Ἀνομίας (iniquidad): cfr. Mt. VII, 23; XIII, 41; XXIII, 28; XXIV, 12; Rom. IV, 7; VI, 19; II Cor. VI, 14; II Tes. II, 7; Tit. II, 14; Heb. I, 9; X, 17; I Jn. III, 4. En II Tes. II, 10.12: ἀδικίας (injusticia). Ver Zac. V, 6; Mal. IV,1.

Zerwick (Graecitas, 42):

“Una íntima relación a alguien o algo, en nuestra literatura (griego bíblico), si bien no exclusivamente, ciertamente en la mayoría de los casos, se expresa semíticamente por υἱὸς “hijo”, con genitivo. Este uso ampliado de la palabra υἱὸς se entiende más fácil donde se trata de la pertenencia a la persona. Así, “hijo” de alguien se dice de aquel que imita su carácter, costumbres, razón de obrar y querer y las expresa en su vida. En este sentido se habla de “los hijos de Abraham” (Gen. III, 7), de “los hijos del diablo” (Mt. XIII, 38; Hech. XIII, 10. Cfr. Jn. VIII, 38-39) y sobre todo de “los hijos de Dios” (Mt. V, 9.45)”.

Describe San Pablo en términos muy expresivos la venida de la apostasía y la revelación del Anticristo, dedicándole a este último aspecto un mayor desarrollo. Luego veremos por qué.

Straubinger:

El hombre de iniquidad (tes anomías), lección preferible a tes hamartías (de pecado), pues coincide con el “misterio de la iniquidad” (v. 7) ligado íntimamente a él. Judas Iscariote recibe un nombre semejante en Jn. XVII, 12. Es creencia general que se trata del Anticristo, si bien algunos dan este nombre a la bestia del mar (Apoc. XIII, 1 ss.) y otros a la bestia de la tierra o falso profeta (Apoc. XVIII, 11 ss.). Se discute si será una persona singular o una colectividad. En todo caso parece que ésta necesitaría siempre de un caudillo o cabeza que la inspirase y guiase. Pirot, después de recordar muchos testimonios y especialmente el de S. Agustín que trae como definición del Anticristo “una multitud de hombres que forman un cuerpo bajo la dirección de un jefe” (cf. Dan. IX, 26), concluye que “el adversario es una serie ininterrumpida de agentes del mal que se oponen y se opondrán a la doctrina y a la obra de Cristo desde la fundación de la Iglesia hasta el último día”. Véase I Jn. II, 18-19.; IV, 3; II Jn. 7; II Ped. III, 3; Jud. 18; Mt. XXIV, 24”.

miércoles, 19 de abril de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice I, Las Profecías, XI Parte

EL REY CONSAGRA A SION

1) Jesús Rey, consagrado en Sión, la Montaña Santa

Apoc. XVII, 14; Luc. I, 33; Apoc. XIX, 16;

La Transfiguración, figura del reino: Mt. XVI, 27-28 y XVII; Mc. IX; Lc. IX; II Ped. I, 17;

La entrada a Jerusalén, figura del reino: Lc. XIX, 29-45; Mc. XI, 1-11; Mt. XXI, 1-16; Jn. XII, 12-19

Sal. II; I Sam. II, 10; Jer. XXIII, 5-8; Jer. XXXIII, 17; Dan. VII, 14; Ez. XXXVII, 22; Zac. IX, 9; XIV, 9; Sal. XXIV, 7-10; CXLIX, 2; Is. XXXIII, 22

2) Recibe a las naciones por herencia

Apoc. XV, 3, Gál. III-IV

Sal. II, 9; Jer. X, 7

3) Es llamado Rey de las naciones

Rom. XV, 8-12

Sal. XLVI, 11; XLVII, 9; Is. XI, 12 (Setenta)

4) Las naciones ofrecen regalos al Rey y se prosternan para adorarlo

Mt. II, 11; Fil. II, 9-11; Rom. XIV, 11

Sal. LXXII, 8-12; LXVIII, 30-31; Is. LX, 5-10; Sal. XXII, 29-30; Mal. 14, 16[1] Is. XLV, 23; LX, 14; LXVI, 23

5) Unión de los Judíos y de las naciones

Mt. II; Rom. XV, 10; Ef. II, 11-12; Gal. III, 28-29; Col. I, 12-23; III, 11; Jn. X, 16

Sal. XLVII, 10; Deut. XXXII, 43; Miq. IV, 1-2; Is. II, 2-4; LVI, 6-8; LX, 5; Jer. III, 17; Zac. VIII, 20-23

6) Reino de justicia y de paz

Apoc., 5, 10 Apoc., 20, 4-6 1 Cor., 15, 25

Is. II y XI; XVIII, 22; LX-LXII; LXV, 17-25; LXVI; Jl. III, 17-21; Am. IX, 11-15; Sof. III, 14-20; Miq. IV, 15; Zac. II; Tob. XIII; Bar. V, 1-9

7) Seremos sacerdotes y reyes

Apoc. I, 6; V, 10; XX, 6; I Ped. II, 9

Ex. XIX, 6; Is. LXI, 3-1; Jer. XXXIII, 17-19


[1] Nota del Blog: Mal la cita

viernes, 14 de abril de 2017

Bella Poesía para el Viernes Santo

   Nota del Blog: Esta poesía la trae Arintero en su “Grados de oración”, edit. Fides, 1950, pag. 225-226 precedidas por las siguientes palabras: Estado de un alma, incapacitada y reducida a un solo afecto de amor doliente.

Jerusalén. Imagen del Rey David a metros de su tumba.


¿Me bastará una cuerda?
¿Sólo una nota?
Un arpa yo tenía
Bella y sonora;
¡Y qué alegre cantaba
A cada hora!...
Mas, al pulsarla un día
Manos divinas...
Rompiéronle una a una
Sus cuerdas finas.
Rompiéronle ¡ay! sus cuerdas,
¡Y yacen rotas!...
¿Cómo podrán dar bellas
Variadas notas?
Un ¡ay! o algún gemido
Tal vez exhalan.
¡Ah! ¡no! las cuerdas rotas,
Las cuerdas callan.
El arpa silenciosa
No canta ahora;
Sus cuerdas ya no vibran,
¡El arpa llora!...
¿Cómo cantar podría
Si se ve ausente
Del Amador divino,
Si no le siente?
En vano al temor santo
Arpegiar quiero;
Esta cuerda no vibra;
Cantar no puedo.
En vano al cielo miro,
Que no le veo:
y a cantar no me invita
Hoy su deseo.
Sólo queda una cuerda,
La del dolor:
Si la pulsan responde
Tan sólo: Amor...
Que el Amador que un día
¡Ay! Me robó
Y rompió el arpa mía,
Y me llagó,
Sólo, sólo una cuerda
Dejó vibrante
Que canta… solo a impulsos
De un Dios amante
Ni temor ni esperanza 
Vibrante queda...
Ya no me queda nada
En que asir pueda.
Las cuerdas de mi arpa
¡Ay! se han quebrado,
Que las quebró la mano
Qué me ha llagado!...
Para dar bellos sones:
Al arpa rota,
¿Le bastará una cuerda?
¿Sólo una nota?
Que una cuerda me queda,
La del dolor;
Canta sólo una nota:
¡Amor, amor!...

lunes, 10 de abril de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (V de XV)

Antes que nada, no hay que perder de vista que el objeto de la epístola es la Parusía de Nuestro Señor, lo cual se vé ya desde el mismísimo primer versículo.

1. Os rogamos, hermanos, con respecto a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión a Él

Notan aquí los autores básicamente dos cosas:

1) El giro, “os rogamos, hermanos” implica que se va a tratar algo importante (cfr. I Tes. IV, 1; V, 12, etc.).

2) La preposición griega ὑπὲρ, que la Vulgata traduce mal como per, debe entenderse no de aquello por lo cual les ruega, sino aquello sobre o con respecto a lo cual San Pablo les ruega a los Tesalonicenses.

Padovani resume bien este último punto:

“Los intérpretes difieren sobre el valor de ὑπὲρ. Muchos (Tomás, Estio, Alápide, Calmet, Martini, Curci, etc.) retienen la versión de la Vulgata “por”, y, por lo tanto, entienden esta palabra en el sentido de que la venida del Señor y nuestra congregación a Él son aquello por lo cual el Apóstol ruega a los tesalonicenses que no se muevan pronto, etc. (v. sig.). Mientras que otros (Bisping, Drach, Van Steenk, Rambaud y muchos acatólicos), y no sin razón, teniendo en cuenta el significado que comúnmente tiene la preposición ὑπὲρ en el NT, la entienden como sobre, con respecto a, y por lo tanto dicen que el adviento del Señor y nuestra congregación en Él es aquello sobre lo cual Pablo ruega a los Tesalonicenses, para que no se muevan pronto, etc., tal como sigue”.

Rosadini:

καὶ ἡμῶν ἐπισυναγωγῆς ἐπαὐτόν (y nuestra reunión a Él), ἐπισυναγωγῆς significa co-unión, congregación (del verbo ἐπισυνάγω que aparece en Mt. XXIV, 31 y Mc. XIII, 27 sobre los justos que han de ser congregados en el juicio final); y esta unión se refiere a aquella de la que Pablo hablara en I Tes. IV, 14-17 sobre los resucitados y vivientes transformados, que juntos han de ir hacia el Señor”.

miércoles, 5 de abril de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice I, Las Profecías, X Parte


TIEMPO DE LA COLERA DEL SEÑOR

1) Las naciones se lamentarán y golpearán su pecho

Mat. XXIV; 30; Apoc. I, 7

Zac. XII, 10-14

2) Dirán a las rocas: "caed sobre nosotros"

Apoc. VI, 16; Lc. XXIII, 30

Os. X, 8; Is. II, 19-22

3) Se ocultarán de la cólera del Cordero

Apoc. VI, 17

Sof. II, 2-3

4) Día de cólera contra las naciones; su tiempo ha concluído

Apoc. VI, 16; XIX, 15; Rom. II, 5; Lc. XXI, 24

Jer. X, 10; Sal. II, 5; CX, 5; Ag. II, 22

5) Jesús combate las naciones con cetro de hierro

Apoc. XIX, 15; II, 27; XII, 5

Sal. II, 9

miércoles, 29 de marzo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (IV de XV)

Sobre la traducción que hemos dado, algunos habrán notado una variante no menor hacia el final de la frase. Creemos que es la correcta, pero antes de dar las razones notemos que es, entre otros, la de Straubinger, quien traduce:

“El misterio de la iniquidad ya está obrando ciertamente, sólo (hay) el que ahora detiene hasta que aparezca de en medio”.

Y en su comentario escribe:

“Hasta que aparezca de en medio: Otros traducen: hasta que sea quitado de en medio, lo cual aumenta aún más la oscuridad de ese misterioso pasaje, siendo difícil saber a quién se refieren cada vez los distintos verbos. Hemos de pensar que si Dios ha querido dejar este lugar en la penumbra, ello es sin duda porque hay cosas que sólo se entenderán a su hora (Jer. XXX, 24; Dan. XII, 1-10; Apoc. X, 4)”.

Pero pasemos ya sin mayores preámbulos a la magistral exposición de Padovani (en una nota en su edición de Alápide in loco)[1] que no tiene desperdicios:

“Los versículos 6 y 7 siempre incomodaron a los exégetas.

La sentencia acostumbrada afirma que en el v. 6 (y ahora lo que detiene, en griego τὸ κατέχον, sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo) se habla del obstáculo que detiene o retiene la aparición del hombre de iniquidad o Anticristo; el cual aparecerá cuando fuere quitado del medio el obstáculo mismo (v. 7: sólo que el que detiene, en gr. ὁ κατέχων, ahora, tenga hasta que del medio sea quitado, v. 8 y entonces se revelará el inicuo); cuál sea el obstáculo, aquí, pues, Pablo no lo dice expresamente, pero de su enseñanza oral era conocida por los Tesalonicenses (v. 5 ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía? 6. Y ahora lo que detiene, sabéis). Los intérpretes tanto antiguos como modernos tienen diversas opiniones sobre cuál pueda ser la mente y doctrina del apóstol: algunos, pues, creen que es la Iglesia Católica; otros Cristo o el espíritu de Cristo penetrando las sociedades humanas; otros la acción que ejerce la Iglesia de Cristo principalmente por la predicación evangélica; otros la predicación misma del evangelio que se debe hacer por todo el orbe; otros el imperio romano, o tomado en sentido propio (por lo general los antiguos), o considerado en su razón general en cuanto implica la forma del ordenado régimen social (algunos modernos).