viernes, 24 de marzo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice I, Las Profecías, IX Parte

La venida del Hijo del Hambre

1) El Hijo del hombre vendrá sobre una nube

Lc. XXI, 27; Mc. XIII, 26; Mt. XXIV, 30; Apoc. I, 7

Dan. VII, 13. La nube acompaña siempre la presencia de Dios. Deut. XXXIII, 26

2) Jesús lo predice al sumo sacerdote

Mc. XIV, 62; Mt. XXVI, 64

Sal. XVIII, 8-14; Deut. XXXIII, 26

3) La nube que lo cubrió en su Ascensión lo traerá nuevamente

Hech. I, 11

Sal. CIV, 3

4) El Señor descenderá de los cielos

I Tes. IV, 16

Zac. XIV, 4

5) Enviará a sus ángeles, al sonido de la gran trompeta

I Tes. IV, 16; Mt. XXIV, 31; I Cor. XV, 52; Apoc. VIII-IX; XI, 15

La trompeta, señal de reunión: Ex. XIX, 13; Num. X, 4-10; Jer. IV, 5

6) Aquellos que murieron en Cristo resucitarán los primeros. Resurrección "para la vida". "La mejor resurrección"

I Tes. IV, 16; I Cor. XV, 23; Apoc. XX, 5 Jn. XV, 29; Heb. XI, 35

Is. XXVI, 19; comparar con XXVI, 14 para aquellos que no resucitarán primero

viernes, 17 de marzo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (III de XV)

Sin embargo, antes de pasar a las objeciones, es del todo necesario que continuemos con el v. 7.

En efecto (γὰρ), el misterio ya está obrando de iniquidad; sólo el que detiene ahora, hasta que del medio surja[1].

Zerwick:

Μόνον (solo): Falta el verbo. Tal vez “hay que esperar”.


Veamos primero algunos comentarios de carácter más general:

Padovani:

“Por misterio[2] de iniquidad no hay que entender como hacen algunos el Anticristo (ya que entonces no había aparecido, cfr. v. 3), ni a Nerón (que entonces no reinaba), sino con la mayoría “la iniquidad arcana y latente, que alguna vez (a saber, en el tiempo del Anticristo) se dará a conocer públicamente y se desencadenará abiertamente (Estio)”.

Rigaux:

μυστήριον (misterio), una vez en los evangelios, Mc. IV, 11, y en plural en los paralelos, Mt. XIII, 11; Lc. VIII, 10 y en Apoc. I, 20; X, 7; XVII, 7. En Pablo 21 veces. Jamás en sentido de misterio griego, o religión de misterio. El sentido general es una cosa, persona, doctrina escondida, inaccesible al conocimiento humano, sea porque es el secreto del plan divino, Rom. XI, 25, o el secreto de un acto divino en la Parusía, I Cor. XV, 51. La revelación de Cristo supone que ha habido un secreto, el secreto de Dios: Col. II, 2. Cf. Col. I, 26; II, 2; IV, 3. Los apóstoles son los reveladores de la economía de los misterios de Dios, I Cor. XV, 1. Lo mismo la epístola a los Efesios hace uno de sus temas favoritos de la revelación del misterio de Cristo, III, 4, que es el misterio de la voluntad de Dios, I, 9, y el misterio del evangelio VI, 19. Uno estaría tentado de impregnar la palabra misterio del concepto del secreto divino, de hacer de ella un sinónimo de evangelio. Pero en I Cor. XIV, 2 Pablo dice que los glosolales dicen misterios, cosas escondidas e incomprensibles. El sentido no está lejos de I Cor. XV, 51. Además en I Tim. III, 9, habla del misterio de la fe, genitivo de aposición que es el contenido de la fe, revelado por Jesucristo. Pero no tenemos ningún paralelo concreto que arroje mucha luz sobre nuestro texto. El misterio que aquí trabaja, y que está completamente compuesto de ἀνομία (iniquidad), genitivo de aposición, no puede ser más que la misma ἀνομίας que obra, no en la plena manifestación reservada a los últimos días al período de la revelación del Anticristo, sino por caminos que no son comprensibles por los hombres. Así, Dios tiene su misterio, Satán no está desprovisto del suyo. Su reino en la ἀνομία no surge en el gran día, sino que se esconde en las vías tenebrosas del mal y de la impiedad”.

Μόνον ὁ κατέχων ἄρτι (solo el que demora ahora): La frase nos parece elíptica. Milligan no lo admite. Tenemos una construcción paulina paralela en Gal. II, 10: μόνον τῶν πτωχῶν ἵνα μνημονεύωμεν, con tal solamente que nos acordemos de los pobres (…) μόνον (solo), aquí como en Gálatas, tiene el sentido de únicamente, es la única condición para que el anomos aparezca”.






[1] No podemos dejar de señalar otra interesante traducción que nos enviaron tras una consulta, seguida de una atinadísima observación:

“Y ahora conocéis bien el obstáculo para que Él sea develado en su oportuno tiempo: en efecto (γὰρ), el misterio de inequidad ya está operando, solamente el que obstaculiza ahora, hasta que surja de este medio”.

Esto por lo que hace a la traducción, y luego nos ilustraba:

Es muy importante darle su verdadero sentido de enlace lógico a la partícula γὰρ del versículo 7: ella expresa ya desde Homero (y más aún en Platón, Aristóteles y la koiné) la adecuación de su oración o proposición (en la que está incluida) con la oración o proposición anterior. Se refiere con precisión al verbo en aspecto perfecto - οἴδατε - (tenéis bien conocido), el cual, a su vez, resume todo lo explicado por San Pablo en los vv. 1 a 5 en cuanto a no engañarse sobre la inmediatez de la Parusía del Señor. Por todo esto, no es correcto traducir γὰρ con el sentido causal débil con que es costumbre hacerlo (pues o entonces).

[2] Con respecto al misterio hay que notar que el único lugar que este término aparece en los Evangelios se encuentra en las parábolas del reino, con lo cual parecería que hablar de “los misterios del reino de los cielos” (Mt. XIII, 11; Mc. IV, 11; Lc. VIII, 10), no es necesariamente lo mismo que hablar sobre “el reino de los cielos” sino solamente sobre una parte, y relacionada más en concreto con los últimos tiempos. Esto explicaría, tal vez, la famosa cuestión de por qué Jesús les habló a las turbas en parábolas sin explicarles el contenido, y más importante aún, por dónde hay que buscar la exégesis de todas esas parábolas.

lunes, 13 de marzo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice I, Las Profecías, VIII Parte

ANUNCIO DE LAS PROFECIAS DE LA SEGUNDA VENIDA[1]

Algunos signos precursores


1) Obscurecimiento del sol "negro como un saco de crin"

Mc. XIII, 24; Mt. XXIV, 29; Apoc.  VI, 12; IX, 2

Is. XIII, 10; Jl. II, 10.31; III, 15

2) La luna no dará más su luz "Cambiada en sangre"

Mt. XXIV, 29; Mc. XIII, 24; Apoc. VI, 12

Jl. II, 10.31; III, 15; Is. XIII, 10

3) Los astros caerán del cielo y las potencias del cielo serán conmovidas

Mt. XXIV, 29; Mc. XIII, 25; Apoc. VI, 13; VIII, 10-11; IX, 1

Jl. II, 10; III, 15; Is. XIII, 10

4) La Bestia hará caer las estrellas

Apoc., XII, 4

Dan. VIII, 10






[1] Respecto a las profecías sobre la primera venida nos hemos apoyado antes de todo en el Antiguo Testamento para constatar su realización en el Nuevo. Aquí partiremos del Nuevo Testamento que anuncia con tanta claridad "el día del Señor" y buscaremos lo que han dicho sobre él los Profetas del Antiguo Testamento.

lunes, 6 de marzo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (II de XV)

III.- Comentario.

El capítulo I se abre con una salutación de Pablo, Silvano y Timoteo, seguida de una alabanza por la fe y constancia en medio de las persecuciones, lo cual da pie al Apóstol para describir la Parusía y la consiguiente recompensa y castigo prácticamente a través del resto del capítulo.

El capítulo II es el centro y razón de ser de la carta, y para poder entenderlo creemos que la clave se encuentra en el v. 6 que debemos citar lo más literal posible.

Y ahora lo que detiene (τὸ κατέχον), sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo.

Como se vé, katéjon ha sido vertido por lo que detiene, según la traducción de Jünemann, siempre tan exacta y literal, aunque volveremos sobre este tema más abajo.

Curiosamente la clave para entender el katéjon no está en el análisis de este término sino en la parte final: para que él se revele en el tiempo suyo y más en concreto en las últimas palabras.

Straubinger, al comentar con su característica y exquisita prudencia el v. 7, ya había lanzado el grito de alerta a los exégetas, pero nadie le prestó atención y la gran mayoría dio por supuesto algo que debió haber probado.

En concreto, al comentar todo este oscuro pasaje, nos advertía:

“(Es) difícil saber a quién se refieren cada vez los distintos verbos”.

miércoles, 1 de marzo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice I, Las Profecías, VII Parte

V) Algunos títulos del Mesías


1) Será. Sacerdote

Sal. CX, 4;

Heb. V-VII

2) Será profeta

Deut. XVIII, 15

Hech. III, 22; VII, 37; Lc. VII, 16; XXIV, 19; Jn. IV, 19

3) Será la luz del mundo

Is. IX, 1; XLII, 6; XLIX, 6; LI, 4

Hech. XIII, 47; Jn. I, 5.9; VIII, 12; IX, 5; Mt. IV, 16; Hech. XXVI, 23; Apoc. XXI, 24; Lc. II, 32

4) Será Hijo de Dios

Sal. II, 7; LXXXIX, 27-28; Os. XI, 1

Mt. III, 17; XVII, 5; Mc. I, 11; IX, 7; Lc. III, 22; IX, 35; II Ped. I, 17; Lc. I, 32; Jn. III, 16

5) "Y veis aquí uno superior a Salomón"

I Rey. I, 37

Lc. XI, 31; Mt. XII, 42

6) Será Rey

I Sam. II, 10

Mt. II, 2; Lc. I, 32-33; Jn. I, 49; XVIII, 37


LA ESPERA DE LA IGLESIA ESPOSA DE CRISTO